Tengo envidia, lo admito.
Lo reconozco y lo acepto, y lo expulso.
Pero vuelve, un rato
Y me agita y me revuelve
Tengo envidia de las veredas
De tu almohada, de tu espejo.
La tengo de los relojes de los otros,
los que te comparten, te cruzan, te piden.
Siento envidia de las maestras
Que te ven una vez al día, o dos...
De los ponys de peluche de colores
Y de los colores en la pared, idea mía.
Sofoco envidia de tu mate eterno,
de tu ventana, tu llavero, tu portero.
Grito envidia de la blonda, la modelo, la ideal...
tanto como de la niña, la vieja y la mala.
Estallo envidia de todo lo que te respira
de todo lo que te toca, habla, escucha, mira.
De todo lo que te envuelve y te transforma.
Envidio a los poetas y locos…
Y a los que mueren de amor.
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