jueves, 31 de agosto de 2017

Libertad (para volumen alto)

La llamó Libertad. Y la decoró.
Le tejió abrigo y la acarició mientras la llamaba.
La nombró muchas veces, casi reclamándola.
Pero lo hizo con dulzura, como susurrando.
Le tembló la voz mientras pronunció cada letra
Pero lo dijo otra vez: “Libertad, libertad”.
Lo hizo mientras le cortaba el pelo y la maquillaba.
Y también cuando la adoctrinaba.
Supo ver que Libertad rimaba con lealtad.
Y con bondad, maldad y Bagdad. Pero era Libertad.
Hablando por sobre su voz, mirando por encima de ella
Encontró que le sentaban bien los apodos.

Se confundió. Creyó mirarla a los ojos, pero no.
Y la agarró fuerte, la apretó y la abrazó.
 Pero “Libertad” quería correr. A lo largo y a lo ancho.
Porque es libre Libertad.
Y después de bañarla y perfumarla, le cantó nanas.
La hizo dormir, la tapó y cerró la puerta. Cerró.
Y se durmió recordando el momento en que la conoció.
La pensó y la recorrió en la imagen, para no olvidarse.
Y cuando se despertó no la encontró, no la reconoció.
No estaba Libertad, no era esa, no era ella… no era Libertad.

Había sido, ya no era. No era Libertad.

lunes, 14 de agosto de 2017

Envidia

Tengo envidia, lo admito.
Lo reconozco y lo acepto, y lo expulso.
Pero vuelve, un rato
Y me agita y me revuelve

Tengo envidia de las veredas
De tu almohada, de tu espejo.
La tengo de los relojes de los otros,
los que te comparten, te cruzan, te piden.

Siento envidia de las maestras
Que te ven una vez al día, o dos...
De los ponys de peluche de colores
Y de los colores en la pared, idea mía.

Sofoco envidia de tu mate eterno,
de tu ventana, tu llavero, tu portero.
Grito envidia de la blonda, la modelo, la ideal...
tanto como de la niña, la vieja y la mala.

Estallo envidia de todo lo que te respira
de todo lo que te toca, habla, escucha, mira.
De todo lo que te envuelve y te transforma.
Envidio a los poetas y locos…


Y a los que mueren de amor.

Noche en veda

Mientras camino de vuelta sin mirar, veo.
Salidas vedadas, pero transgredidas, vivas.
Flotan armonías que despiertan amores, calores.
Y te llamo.

Se abren puertas, salen cuerpos, entes.
Costumbres de la razón no exprimida, van, andan.
Y al otro amanecer eligen, sin saber, sin creer, pero asienten.
Y te pienso.

Viñas lejanas pero sabidas, recorridas, mojan.
Besan mis labios, moradas de frío, piden, ruegan.
Empapan mi sed y se adueñan del calor, de mi espíritu.
Y te extraño.

Deseos extremos, en todas sus formas, “creatividad” dicen.
Encienden amor, o el amor los enciende, los hace ser.
Qué hacer con el ser, y con el estar, y con el amar.
Y te bebo.

Todo fue canción (para guitarrón)

La pregunta a destiempo, esa invitación
Alguna insistencia con muchas ganas de amor
Risas profundas de tonteras, de poemas
Hasta el abismo mismo, hasta la decisión

Cada dolor bajo la lluvia buscando sol
Tuvo su cuota de alimento para los dos.
Una mirada, ojos furiosos de guitarrón
Fueron el cause que ese río adentro encontró.

Vino el vino, vino después, vino con vos
El roce claro que aquella madre todo lo vio
Ahí, sin tiempo a tiempo, el tiempo solo se midió
En todas las hojas que ese día el viento no llevo.

Todo, todo fue canción.

Suceden verdades

Lo que sucede es que nos traspasa todo.
Todo lo que hay, todo lo que viaja.
Nos traspasa el aire, el que nadie siente
Pero que recuerda esa captura suspendida.

Conozco cada gesto de ojos esquivos
Y de ojos fijados, tensos, deseosos.
Sé de labios apretados, uno sobre otro,
Atreviéndose a contener condenas.

Sucede que cada nota duele por elección
Porque está, pero no grita.
Porque hay que cantar, y cantar, solo eso.
Pero lo que viene del centro es imparable, no prolijo.

Vimos cada brillo imperceptible
Oímos cada gemido sórdido
Besamos cada distancia dolorosa
Bailamos cada paso de nuestra danza

Sucede que hicimos el amor a años luz
Que es incorregible la terquedad del capricho
Que penetramos lo impenetrable
Que no hay salida posible distinta de este andar.

Que no hay camino que no te lleve a mí.
Que no me lleve a vos.

Que...

Que este amor te perfore.
Que te atraviese, te llene, te eleve.
Que te vuelva a vos, que te vuelva a mí.
Que te impulse, que te inspire, que te urja.

Que la revolución en el pecho te desoriente
Y te sacuda, y te maree y te desarme.
Y que te armes al volver, al volver rápido...
Y que se unan las partes al mirarme.

Que el latido donde puede uno vivir
te sea canción, te suene canción, te cante canción.
Que quieras querer, y quieras estar...
y quieras creer y quieras bailar.

Que el fuego haga sonar las cuerdas,
Que vuelva. Que destelle impulsos.
Que esta paz te envuelva, te anide, te llame...
Que te defienda de las llamadas crudas, de los inviernos crudos.

Que esta voz te calme, te cuente, te cante.
Que este suspiro te llame, te hable.
Que esta vida te contagie las ganas sin impuestos ni supuestos.
Que este amor te perfore, te abrace, te ame.

Fotos de mediodía (para guitarra eléctrica)

Abajo del musgo, burbujas
Que desestabilizan el vuelo del aguacil
Tanto como hervor de mi herida
Abierta de diez primaveras

Son casi veinte vueltas a sol
Que falta que dé para llegar al mismísimo instante
Donde las hojas se tiñeron de gris

No tengo ya otra canoa
Que no sea la que me lleve por el mismo río, una y otra vez
Con desembocadura anónima, pero eterna

El río de este mediodía
Parece responderme con su regurgitar denso
Como gritando o llorando, combatiendo despedidas

No sé dónde buscar…
No sé dónde buscar una mirada cristalina, de silencios
No sé dónde encontrar.

¿Estará el bálsamo en los sauces?